jueves, 2 de agosto de 2007

Aprovechando las fechas

Supongo. Mi barrio está junto a la universidad y repleto de estudiantes más o menos tecnófilos. A pesar de vivir en un extremo de Málaga, en época lectiva están a mi alcance decenas de redes inalámbricas, por lo general adecuadamente protegidas. Llegado el verano me quedo sólo.

No sé si por casualidad o por planificación inteligente, Telefónica escogió el 30 de Julio para provisionar el servicio de ADSL de 3 Megas (qué no había solicitado). Sin previo aviso aclaro. Como resultado la noche del 1 de Agosto, vuelve a haber conexión de Internet en casa.

Para mi se trata de consumo doméstico, no me ha supuesto gran molestia. Lucía (adolescente de 17 años que no para) al volver de una barbacoa que le había ocupado la mayor parte del día, me sorprendió exclamando: "¡Por fin vuelvo a tener vida social!"

No creo que siquiera un veinteañero (que no fuese un friki extremo) consideraría Internet como algo indispensable para la vida social. Empiezo a pensar que tenemos que esperar una década para conocer el impacto ¿psicosocial? de Internet.