
Escribe esto hace casi 2 meses. Ya es hora de airearlo. :-)
Que yo sea ateo no es muy original. El % de personas de mi mismo parecer ronda lo que se puede contar con los dedos de una mano. Una minoría pero, en un planeta infestado de humanos, no obstante mucha gente. Minoría hasta cierto punto selecta; pensar fuera del marco que nos viene dado requiere, pensar, una actividad dolorosa que consume desmesuradas cantidades de energía. Dicho esto debo confesar que no es mi propósito defender mis creencias, o la falta de ellas, más bien quiero preguntar a mis contertulios ¿para qué puede servirle al hombre común y corriente la religión?
Que yo sea ateo no es muy original. El % de personas de mi mismo parecer ronda lo que se puede contar con los dedos de una mano. Una minoría pero, en un planeta infestado de humanos, no obstante mucha gente. Minoría hasta cierto punto selecta; pensar fuera del marco que nos viene dado requiere, pensar, una actividad dolorosa que consume desmesuradas cantidades de energía. Dicho esto debo confesar que no es mi propósito defender mis creencias, o la falta de ellas, más bien quiero preguntar a mis contertulios ¿para qué puede servirle al hombre común y corriente la religión?
Con afán de seguir un método científico, he soltado este interrogante a absolutos desconocidos en diversas reuniones sociales en estas últimas semanas. He de decir que, gracias a la creciente tolerancia social respecto a estos temas, nadie ha querido lapidarme ni por contrario ensalzarme como héroe de causas desatendidas. En pleno nacional catolicismo hubiera tenido que valerme de eso de ser extranjero. ¿Cuáles eran las respuestas? Pues, sin sorpresas, caen fundamentalmente en dos categorías: consuelo y cultura. Son respuestas que abarcan el individuo y su sociedad y que estimo absolutamente sinceras. Por fortuna no he topado con máximas filosóficas inexpugnables tipo: “La fe es un fin en si mismo”. También agradezco que nadie contestase que la religión es la raíz de la moralidad. Una cosa es que no exista el alma y otra es ser un desalmado.
Puede que las respuestas recibidas sean sinceras pero, no por eso son satisfactorias.
En el plano individual, hay algunos estudios epidemiológicos que apuntan a que los creyentes padecen menos estrés. Aunque estos estudios no sean totalmente conclusivos, creo que es fácil concebir que, si puedes dejar tus problemas en manos de alguna deidad y creértelo, cuando menos compartes la responsabilidad de la situación y su correspondiente estrés. (Acabo de tener una visión típicamente antropocéntrica de una deidad estresada por las cuitas de su fieles … me desvío del tema.) El problema de la religión como consuelo es que es una motivación relativamente débil. No creo que el consuelo baste para explicar la peregrinaciones a la Meca o Santiago, muchos menos los años y vidas invertidas en la construcción de una catedral gótica. Además, la religión como consuelo es un arma de doble filo, puesto que la realidad no deja de ser la que es.
La razón cultural es mucho más potente. A lo largo de la historia todas las culturas han tenido sus religiones. Y todas éstas parecen ser variaciones de unos pocos temas básicos: uno o más deidades, ritos y fiestas en su honor, oficiantes, intérpretes de la voluntad divina, etc. Pese a estas raíces y estructuras comunes, cada cultura dominante ha querido imponer su religión a los dominados. Como parte de la cultura, la religión ha realizado obras magníficas y ha mostrado sus mayores miserias. Son bien conocidas y procuraré no incidir en ellas; sólo recordar que éste es un camino peligroso puesto que muchos, creen que su cultura es mejor que la de otros.
La razón cultural se tiene que resolver en algún beneficio individual, si no, no se perpetuarían las ideas religiosas. Posiblemente en plena Inquisición habría razones de supervivencia (por tanto genéticas) pero no siempre la religión se ha impuesto a sangre y espada. Ya que es innegable que las religiones han sobrevivido y sobreviven, hay que contestar la pregunta ¿Qué ventajas aporta al hombre la religión para su supervivencia? El coste de mantener una religión es considerable y los humanos, en general, no están para ir malgastando energía. Vuelvo pues a la pregunta del principio.
Al margen del discurso que desarrollen sobre el tema, quisiera apuntar en la medida que pueda el punto de vista de Richard Dawkins. (De forma muy sucinta, hay mucha más información disponible en Wikipedia, además de los muchos libros que lleva escritos.)
El señor Dawkins de formación es etólogo animal. Es decir es un estudioso de la evolución de las especies animales. Es un científico eminente y, tal vez por su campo de estudio, ateo confeso. Para Dawkins la religión tiene la misma utilidad evolutiva que el empeño de las mariposas nocturnas en abrasarse en las llamas de las velas.
Me explico. Evidentemente el suicidio no supone ninguna ventaja evolutiva para el lepidóptero; lo que sí es una ventaja es su capacidad de navegar, en función de la posición de los focos de luz. El sistema de navegación es muy anterior a la iluminación artificial de los humanos. En condiciones de focos de luz distantes como las estrellas y la luna funciona admirablemente. En proximidad de una vela puede ser un desastre.
Dawkins argumenta que forma análoga la religión es el subproducto de otro sistema que sí supone una ventaja evolutiva. Se trata de nuestra evolucionada capacidad de atender órdenes y hacer lo que se nos dice, sobre todo de niños. De niños somos crédulos, de adultos algo menos. Esto es una ventaja evolutiva, nos evita tener que repetir acciones peligrosas y sus traumas consiguientes. El hecho de que el niño pequeño acepte y haga caso cuando le dicen: “No nades en ese río que hay cocodrilos”, sin duda contribuye a su supervivencia. El problema es que el mensaje: “No dejes de rezar que Dios te escucha”, al provenir de las mismas fuentes de autoridad, se acepta con la misma credulidad.
En otras palabras, ser creyente no aporta ninguna ventaja evolutiva, ser crédulo sí.

