
El fin de semana, lejos de cualquier equipo informático y, en el caso de algunos elementos del pueblo, de la civilización, ha sido rico en experiencias y emociones.
Mi hija Marina está cantando con un orquesta que está recorriendo la geografía del país tocando de feria en feria. La buena noticia es que la orquesta es francamente buena, la mala es que la España profunda sigue siendo la España profunda. No sé cuando les llegará el siglo XXI más allá de los cacharros tecnológicos que nos rodean.
Tuvimos la suerte de alojarnos en un hotel rural, regentado por un teleco ex-informático reconvertido voluntariamente a la hostelería. Creo que quedan muchas horas de conversación en el tintero de nuestro amigo Paco, así que habrá que pensar en volver por su hotel en la Herrería algún día.
Otra suerte fue poder conocer en persona a mi compañero de redacción Juan Carlos, otro buen conversador. Como mi amor también lo es, apenas he podido abrir el pico en todo el fin de semana. Por fortuna también me gusta escuchar.
Dejar a una hija recorriendo la carretera no es algo que entusiasme a un padre pero, por lo menos he podido ver que trabaja con gente seria que monta su espectáculo con la ilusión de ser los mejores de sus sector.
Mi hija Marina está cantando con un orquesta que está recorriendo la geografía del país tocando de feria en feria. La buena noticia es que la orquesta es francamente buena, la mala es que la España profunda sigue siendo la España profunda. No sé cuando les llegará el siglo XXI más allá de los cacharros tecnológicos que nos rodean.
Tuvimos la suerte de alojarnos en un hotel rural, regentado por un teleco ex-informático reconvertido voluntariamente a la hostelería. Creo que quedan muchas horas de conversación en el tintero de nuestro amigo Paco, así que habrá que pensar en volver por su hotel en la Herrería algún día.
Otra suerte fue poder conocer en persona a mi compañero de redacción Juan Carlos, otro buen conversador. Como mi amor también lo es, apenas he podido abrir el pico en todo el fin de semana. Por fortuna también me gusta escuchar.
Dejar a una hija recorriendo la carretera no es algo que entusiasme a un padre pero, por lo menos he podido ver que trabaja con gente seria que monta su espectáculo con la ilusión de ser los mejores de sus sector.

