Soy un hombre enamorado. No solo me siento así, es una cosa evidente para todos los que me conocen. En los años que llevamos de relación, Gloria y yo hemos discutido exactamente una vez. Y llamarlo discusión quizá sea una exageración.
Anoche sobrevivimos la tertulia sobre que es la realidad y llegamos a casa sobre las tres. Resultado, hoy estoy hecho polvo física y metafísicamente. En este estado de fragilidad, y tras hacer el amor, mi vida decide relatarme toda su vida amatoria, que no ha sido poca. No es que me haya molestado, en absoluto, simplemente me ha quedado la duda de si no me está poniendo el listón demasiado alto. Esta mujer, mi mujer, encima se ha quedado melancólica después de terminar su narración. La quiero y no la entiendo, vamos que me puedo contar entre los hombres más afortunados del planeta.
¿Y la realidad? Pues eso, que el estado de la playas es excelente, al menos según el Instituto Nacional de Metereología y ya se van acercando fechas de vacaciones. Ganas tengo, los planes pasan por visitar a mi madre. Ya se sabe, nadie cocina como mi mamá. El problema va estar en no engordar.
Hasta mañana mundo.

